lunes, 26 de noviembre de 2012

Como el mismísimo fénix.

Como decíamos ayer...

Sí, llevo mucho tiempo sin pasar por aquí. ¿Quieres saber por qué? Te daré una breve y concisa respuesta de boca del propio Joaquín Sabina:

Las canciones deben ser tristes, porque siempre hablan de desamor, de fracaso; cuando estás en ese momento, tan escaso en la vida, de pasión compartida, no se escribe, se vive.

Nada más.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Incidente en el bucle infinito.


Con prisas y sin desayuno, como cada mañana. En el mismo momento en que abre la puerta siente el juguetear del frío en su nuca y cómo araña sus mejillas. Y poco a poco el calor del sol va cerrándole los ojos y adentrándole en la poquedad del día. Entre las paredes de la Rúa se escurren los cuerpos y se aíslan las mentes. Duran una eternidad esos doscientos metros buscando, como cada día, una chispa en la mirada, una banda sonora, un olor electrizante congelados en el tiempo. Un tímido visaje que lo vuelva loco. Pero al doblar la esquina sólo encuentra, como cada vez, al mendigante desengaño, a la trashumante decepción. Las ganas y el misterio se desvanecen en él.



Con retraso y sin preocupación, como cada mañana. En el mismo momento en que abre la puerta, siente el hormiguear del calor en sus manos y cómo acaricia su tez. Y poco a poco la humedad del aire va adhiriéndosele a los huesos y sumiéndole en la soledad del gentío. Entre las paredes del aula se amontonan los cuerpos y se encadenan las mentes. Duran un milenio esos varios pasos tanteando, como cada día, un gesto amable, un silencio incómodo, una palabra educada anclados en el hábito. Un cordial saludo que lo llene de tedio. Pero al volver la cara encuentra, por primera vez, al electrizante olor, a la chispeante mirada. Las ganas y el misterio se apoderan de él.

lunes, 13 de febrero de 2012

Puedo ponerme cursi y decir...

Quiero aprender a vivir tus días, quiero que me enseñes.
Pégate a mí, contágiame. Arrástrame contigo.
Haz que me tiemblen los labios.

A la orilla de la chimenea (Joaquín Sabina)

jueves, 9 de febrero de 2012

[Tal y como prometí.]

(10/02/2012) 

Querida Diana:

¿Cómo te va?
Hoy he estado pensando en ti, pensando en ti…bastante. Y, como supongo que imaginarás, tengo muchas preguntas.

¿Cómo están las cosas por ahí? ¿Dónde estás y qué haces ahora?
¿Cómo están papá y mamá? ¿Tienes ya sobrinos? ¿Son guapos?
¿Cómo anda la Ciencia? ¿Qué música se escucha ahora? ¿Has conseguido escribir algo decente? ¿Y cómo va eso de la música, de cantar?
¿Cómo está nuestra ciudad? ¿Qué ha sido del país? ¿Quién gobierna, quién se revoluciona? ¿Llegó la Democracia Real a ser una realidad? ¿Están la tolerancia e igualdad a la orden del día?

Por aquí ya sabes, todo como siempre. Las cosas empiezan a tomar forma, la gente comienza a darse cuenta. Pero de momento pocos se mueven. ¿Recuerdas? Todo empezó con el 15-M y fundaciones musicales y literarias como Robo y Asalto (http://www.fundacionrobo.org/  http://esunrobo.bandcamp.com/  http://www.fundacionrobo.org/asalto/ ).
La gente comienza a estar harta. Poco a poco se van uniendo voces y, sutilmente, se puede entrever una reacción, un futuro que vale la pena.
“Es la bomba que va a estallar.”

Me dejo ya de rollos, estoy demasiado impaciente por tu contestación como para seguir escribiendo. Espero una detallada y reconfortante respuesta.

Hasta dentro de unos años,

Diana.

PD: No sé si te acordarás, pero hoy es el día en que condenaron al juez Garzón (además de por investigar los crímenes del franquismo) por investigar el caso Gürtel (sí, el único condenado). La política y la justicia de este país tienen una ironía un tanto retorcida.

lunes, 6 de febrero de 2012

Supernova.

Amanece envuelto en llamas y se pregunta cómo ha podido volver a suceder, cómo puede ahogarse uno entre tanto oxígeno. Habrá de acostumbrarse al calor, convertirlo en vital. Verá carbonizar sus heridas, como pavesas. Y dejará que se acomode el ir y venir sobre su pecho, las burbujas en su garganta, se sentará a esperar una inevitable guerra. No va a intentar nada, no esta vez.

Y no habrá velocidad, ni amargura en el café, ni misterio en las palabras. No habrá tensión en el aire, ni rojo pasión. No habrá lunes, ni jueves, tampoco mes de abril. Nada de inmersiones en aguas profundas, que le jodan a la primavera, no va a jugar. Cerrará los ojos, dejará que resbale.

Un cosquilleo, una implosión.


lunes, 30 de enero de 2012

The Wall.

Me he recorrido ya todas tus esquinas,
conozco todas tus grietas,
y sigo sin saber dónde está el cuarto de las calderas, 
dónde guardas mi control a distancia.
Muéstrame la salida de emergencia, 
tus lunares, tus monstruos, tus ganas.
Cuéntame quiénes son los fantasmas que te habitan,
sin son de papel tus paredes, si son de piel,
a dónde lleva esa puerta de atrás.
Qué se ve por tus ventanas,
qué secretos esconden tus telas de araña.
Déjame encender tu hogar,
déjame quitarte el polvo y desenterrar, 
arreglar esas goteras.
Permíteme impregnar con mi perfume
cada una de tus habitaciones,
llenar tus estanterías de historias.
Y que se enrede el verde en tu espalda,
que nos salgan raíces,
y que me encuentren así,
respirando tu aire, viviendo de ti.

jueves, 26 de enero de 2012

Cartas de un padre.

Me pregunto hasta qué punto un padre lo es para su hija por cuestiones biológicas o de convención, si es cuestión de sangre. Cuál es el límite entre la admiración racional y la que corre por las venas.

Desde pequeña he sido consciente de que tenía ante mí la mayor fuente de sabiduría, cultura e inspiración que sería capaz de hallar en toda mi vida. A día de hoy eso no ha cambiado. Mi padre: escritor, pintor, fotógrafo, incipiente músico, amante de la naturaleza y la justicia en todas sus formas. Sabio y artista. Y no hace falta que nadie me lo diga, ni que me lo niegue, está en su forma de mirar.

No podría ser mayor mi admiración hacia él, y eso, eso está en mi forma de mirar. Siempre va a ser para mí la pista a seguir, mi constructor de sueños, mi lugar seguro, mi reconciliación con el mundo. Y sé (porque lo sé), que quiera o no nunca va a dejar de existir ese hilo que nos une y que nos permite hablar como a nosotros nos gusta, que nos sacude hasta sacarnos las lágrimas.


Tienes una hija que se va de casa porque estudia en otra ciudad y piensas "la abrazaré y le diré que la quiero con toda mi alma", por aquello de que uno se va haciendo viejo y ¿quién sabe?. También piensas que es excesivo y que no servirá de gran cosa, que no añadirá nada a ese sentimiento tan puro que te embarga por la inminente separación, es más, quizá la acción de despedirse aparatosamente empañe el momento o lo diluya.  Cuando esa hija llama por teléfono, piensas que podrías ponerte al aparato y "qué tal estás, por aquí bien, bueno, tengo ganas de verte", y decides que nada que, de nuevo, no vale lo que cuesta, que de no decir "te quiero...", algo que tu hija ya crees que sabe, no tienes nada mejor que lo sustituya.  Deberías escribirle y sabes que deberás hablar de sentimientos, pero de "eso" parece que ya tendrás tiempo y que, en todo caso, "mi hija ya supone que yo..."  Un día, lo que tú no has hecho lo hace tu hija. Es ella la que te escribe para decirte casi lo mismo que dirías tú; para decirte que escribe "chorradas".  Cuando las lees, te das cuenta que se trata de ella, que hablan de ella, de qué otra cosa puede hablar uno si no es de sí mismo.  La soberbia, es precisamente la suposición de que somos capaces y competentes para hablar de los demás, de lo demás.  Sólo podemos hablar de nosotros mismos, porque estamos solos, somos solos, en una continua depresión que nos obliga a hablar a través de nuestras heridas, como mucho, por medio de nuestras cicatrices.  Somos seres heridos obligados a hablar a través de la boca, la lesión más humana que pueda concebirse, por ella vivimos y morimos, sin remisión, por ella soñamos y nos hacemos a la idea de que no estamos solos; más bien nos engañamos. La palabra, las palabras de esa hija ausente, oráculo de su herida, hermanas de mis palabras, portavoces de mi soledad, justifican mis sentimientos, someten mi irreductible pesimismo.  ¿Estaré equivocado? Quizá por encima de pre-tensiones, más allá de toda racionalidad, sometido a lo que verdaderamente tiendo, claudicando al sentimentalismo,  deberé confesar, para que no quede duda, para espantar mi soledad, que te quiero mucho.

Un abrazo de tu padre.
Jesús Viñuales
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